1. No habré de gloriarme jamás ¡Oh Dios mío!
De aquellos deberes que un día cumplí;
mi gloria era vana; tan solo confío
en Cristo y su sangre vertida por mí.
2. Por fe conociendo su amor que redime,
hoy llamo tinieblas lo que antes mi luz;
mi propia justicia se torna en oprobio,
y pongo mis glorias al pie de la cruz.
3. Sí, todo lo estimo cual pérdida vana,
y acepto las obras del buen Salvador;
¡Oh! Pueda anidarse mi alma en su seno,
vivir de su vida, gozar de su amor.
4. Por más que a tus leyes viviera sumiso,
no puede, Dios mío, llegar hasta Tí;
mas sé que en tu gracia la fe me habilita,
si alego las obras de tu Hijo por mí.