1. Cristo, mi piloto sé
en el tempestuoso mar;
fieras ondas mi bajel
van a hacerlo zozobrar.
Más si Tú conmigo vas,
salvo al puerto llegaré;
carta y brújula hallo en Ti.
¡Cristo, mi piloto sé!

2. Todo agita el huracán
con indómito furor,
mas los vientos cesarán
al mandato de tu voz.
Y al decir: «Que sea la paz»
cederá sumiso el mar.
De las aguas, Tú el Señor,
¡Guíame cual piloto fiel!

3. Cuando al fin ya cerca esté
de la playa celestial,
si el abismo ruge aún
entre el puerto y mi bajel,
en tu pecho al descansar
quiero oírte a Ti decir:
«¡Nada temas ya del mar
tu piloto siempre soy!»

Autor: Edward Hopper
Traducción: Vicente Mendoza
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